En marzo de 2015, la diputada Michela Vittoria Brambilla llegó a presentar en el parlamento italiano una proposición de ley para considerar al conejo como animal de compañía, estableciendo penas de cárcel y multas para todos aquellos que «críen, exporten, importen o exploten económicamente a los conejos con fines comerciales con respecto a su carne». Suerte que la proposición no prosperó.
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