Pastel de boniato
La palabra “boniato” tiene su origen en una lengua indígena hablada por los taínos, el pueblo indígena que habitaba las islas del Caribe en el momento de la llegada de los exploradores europeos. En el idioma taíno la palabra para referirse al boniato era “bonyata”, que luego derivo en “batata“, y esta última fue adoptada por los españoles.
Este tubérculo se caracteriza por su piel fina y su pulpa que puede variar en color, desde el blanco hasta el naranja o incluso el morado.
Originario de América Central y del Sur, el boniato ha sido cultivado y consumido desde épocas antiguas por diversas civilizaciones precolombinas.
La evidencia arqueológica sugiere que el boniato se cultivaba hace más de 5,000 años. Se han encontrado restos de boniatos en sitios arqueológicos en Perú, que datan del año 2135 a.C. Además, los boniatos fueron una parte integral de la dieta de las civilizaciones incaicas y mayas.
Los restos más antiguos de boniato son datados de 8080 ±170 a.n.e., descubiertos en cuevas del cañón de Chilca en la zona sur-central de Perú.
A lo largo del tiempo, el boniato fue introducido en otras regiones del mundo a través de viajes y comercio:
- Polinesia: Se cree que el boniato llegó a la Polinesia antes del contacto europeo, posiblemente a través de viajes transoceánicos realizados por los polinesios.
- Asia: En el siglo XVI, los exploradores europeos llevaron el boniato a Filipinas y otras partes de Asia, donde rápidamente se adaptó a los climas locales y se integró en la gastronomía.
- África: Durante el comercio transatlántico, los boniatos fueron llevados a varios países africanos, donde aún son un cultivo importante.
Gracias a su capacidad para crecer en diversos climas y su valor nutricional, el boniato se ha difundido por todo el mundo, convirtiéndose en un alimento básico en muchas regiones.
En momentos históricos determinados, los boniatos o batatas “mataron mucha hambre”, como aconteció, por ejemplo, durante los años posteriores a la guerra civil española (1936-1939), a los que hemos escuchado denominar “el tiempo de la batata”, llegando a representar el consumo de papas un auténtico lujo.
El boniato, con su característico sabor dulce, es especial para los asados, purés, tartas, suflés y rellenos, aunque también se utiliza para preparar mermeladas, confituras, budines, pasteles y galletas.
Hoy vamos a preparar un sencillo y sabroso pastel salado y dulce al mismo tiempo. ¿Te animas?
Pastel de boniato
Los ingredientes que vamos a necesitar son:
- 6 huevos
- 1 boniato grande (600 gramos)
- 3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
- 2 cebollas moradas medianas (400 gramos)
- 100 gramos de queso viejo y un poco más
- 1 pizca de nuez moscada
- Sal
- Pimienta negra de molinillo
Elaboración:
- Lavamos el boniato, lo cortamos por la mitad a lo largo y después en cuartos. Los ponemos en un recipiente apto para microondas y los cocinamos a máxima potencia 15 minutos en dos tandas (7 y 8 minutos). Cuando esté hecho (comprobamos pinchando la pulpa con un cuchillo), quitamos la piel y troceamos la pulpa.
- Mientras tanto pelamos y picamos la cebolla y rallamos el queso.
- Ponemos 2 cucharadas de aceite en una sartén y freímos la cebolla tapada a fuego medio con un poco de sal unos 15 minutos. Removemos de vez en cuando.
- Encendemos el horno a 180º
- En un bol, abrimos los huevos y los batimos como para tortilla.
- Incorporamos el queso al bol, también la cebolla cocinada, la pulpa del boniato troceada, un toque de nuez moscada, media cucharada de sal, pimienta al gusto y mezclamos bien, removiendo, sin batir.
- Ponemos una gota de aceite en un molde apto para el horno y lo embadurnamos con la ayuda de un pincel.
- Vertemos la mezcla en el molde y rallamos queso sobre ella.
- Llevamos al horno 15 minutos.
- Subimos la potencia al máximo y pasamos a gratinar hasta conseguir un tono dorado.
























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