Fiambre casero de pollo
La carne es un alimento perecedero que tarda relativamente poco tiempo en estropearse. Es por eso, que el hombre siempre ha buscado formas de alargar su vida útil y se han usado distintas técnicas con este fin. Los primeros hombres aprendieron a conservarla secándola al sol, envolviéndola en grasa, mediante el empleo del fuego (ahumado y cocción) y, cuando, sobre el año 3.000 a.C. se descubrieron los usos de la sal, mediante su salazón.
Es importante destacar que no fue de forma única en un solo lugar. En China ya descubrieron soluciones salinas que permitían la comercialización tanto de carnes como de pescados sazonados. Por otro lado, también los egipcios obtenían la sal del propio desierto, lo que les permitía emplearlo para la conservación de su producto y no solo por una cuestión de aprovisionamiento. Así conseguían almacenar los excedentes de carne durante un largo tiempo sin que pereciera, y al mismo tiempo lo empleaban para aumentar sus reservas de alimentos.
A estas técnicas se les sumarían, con el paso del tiempo otras dos, los embutidos y los fiambres, que tienen sus diferencias.
Fue más en la zona de Europa, del mar Mediterráneo concretamente, donde realmente crean y nacen los primeros embutidos crudos curados, debido al clima más favorable de temperatura y humedad. Entendemos por embutido la carne picada condimentada con distintas especias que está embuchada en tripa natural o incluso artificial y secada al aire durante un tiempo considerable.
Los romanos empleaban embutidos para consumirlos en celebraciones, como por ejemplo el «botulus» (lo que hoy sería el afamado Botillo) de composición parecida a las morcillas o salchichas. De hecho, ya comercializaban con este tipo de productos en lo que fueron las primeras carnicerías.
Además, en la Antigua Grecia también tenemos conocimiento de que existieran los embutidos, puesto que se hace referencia a ellos en algunas obras clásicas de la época. No solamente al embutido como tal («tripas rellenas de sangre y grasa asada al fuego»), sino también al propio jamón. Por eso, pese a todo esto, es complicado marcar un punto de partida.
El fiambre se hace utilizando piezas magras del cerdo, que, en algunos casos se mezclan con aditivos y otras partes del animal como la grasa y los tendones. Estas carnes se cuecen o asan durante su fabricación y, por lo tanto, el tiempo que se utiliza para hacerlos es menor que en el caso de los embutidos.
La forma en que se fabrican los fiambres hace necesario que se conserven a baja temperatura en la nevera, esto ayudará a evitar que se estropeen y se puedan mantener en buen estado.
Hoy, nosotros, nos decantamos por esta última técnica. Vamos a preparar en un momento, un delicioso fiambre de pollo que podremos degustar solo unas horas más tarde. Espero que lo disfrutéis.
Fiambre casero de pollo
Los ingredientes que vamos a necesitar son:
- 1 kilo de pechuga de pollo
- 200 gr de taquitos de jamón
- 100 gr de pistachos pelados
- 200 mililitros de nata de cocina
- Sal
- Pimienta negra de molinillo
Elaboración:
Tiempo: 35 minutos y el reposo Técnica: triturar y cocer en microondas Raciones: cunde bastante
- Troceamos el pollo y lo trituramos en tandas. (También puedes pedirle al carnicero que te lo triture).
- Ponemos el pollo en un cuenco.
- Añadimos los taquitos de jamón, los pistachos, la nata, 1/2 cucharada de sal, pimienta al gusto y mezclamos muy bien. (Si quieres, también puedes añadir bolas de pimienta enteras).
- Preparamos un trozo grande de papel de film en la encimera y colocamos la mezcla encima.
- Formamos un cilindro y lo apretamos y ajustamos muy bien con el mismo papel film. La masa debe quedar bien apretada, procurando que no queden burbujas en el interior. El cilindro debe tener una longitud menor que el plato del microondas. Puedes hacer dos si lo prefieres menos grueso.
- Colocamos el rollo en un plato apto para microondas y lo ponemos en el microondas a máxima potencia durante 9 minutos.
- Lo sacamos, le damos la vuelta y lo dejamos 9 minutos más..
- Lo dejamos enfriar y lo metemos en la nevera unas horas hasta que adquiera consistencia.
- Se sirve frío a temperatura ambiente, cortado en lonchas finas y acompañado de pan tostado.




















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