Brócoli con bechamel y queso gratinado
Mi color favorito es el verde.
No sé si es por eso que me gusta tanto la verdura o es algo que no tiene relación.
Sin embargo, a mí, me gusta pensar que hay una conexión, ahí, en mi cerebro, en mi almacén de información, de recuerdos, de sensaciones.
Está claro que como por los ojos, aunque también me dejo guiar por los sabores, no hago distinción.
Disfruto del dulce de la fruta madura; estoy convencida de que podría sobrevivir a base de fruta. Mis favoritas, las mandarinas en invierno y las cerezas en verano. Que esas sean mis favoritas significa que no puedo comer solo una, no me conformo. Mi número ideal de mandarinas es el tres, no importa el tamaño. De cerezas prefiero no hablar de la cantidad, solo diré que duran muy poco en casa. La única fruta que me ha dejado mal sabor de boca ha sido la fruta del dragón, precisamente por la expectativa creada en mí, a través de la vista de sus preciosos colores, en contraste con la falta de sabor, supongo que esto es algo personal.
Los matices ácidos de los cítricos me atraen hasta el punto de comerlos cual melocotones. Me gusta probar. No es justo mantener que algo no te gusta sin haberlo catado. También los vinagrillos me encantan. Recuerdo, de pequeña, en la casa vieja, esconderme en la despensa para que mi madre no me viera, y darle un trago a la botella de ese vinagre casero que te daba escalofríos de lo fuerte que era.
¿Te puedes creer que tampoco le hago ascos a los tintes amargos de la rúcula, la alcachofa, la endibia, el rábano, la col rizada, la escarola o las olivas fuertes?. Supongo que la tolerancia a los sabores, se entrena y en mi casa venimos entrenados, «tener buena boca» se dice. De mis abuelos y, supongo que de la necesidad de la época, viene la costumbre de buscar algunas hierbas silvestres como el fenojo o las «camarrojas», los «jabiles», «lechacinos», las «acelgas campías» o «los amargones» que tienden a ser poco refinadas y, muchas veces, ignotas.
Para el salado, en general, no tengo más que bendiciones. Me pierde un buen puchero, un arrocito, unos fideos, una menestra, un cochinillo al horno, un cabrito a la brasa, unas berenjenas rellenas…, la verdad es que no sabría donde parar, para mi es ley el dicho que reza «el comer y el rascar, todo es empezar»
El umami es el último sabor que se incorporó a este espectro y se relaciona con lo sabroso. Desde mi punto ignorante de vista identifico este sabor con aquellos alimentos que no dejarías de comer y, en este caso concreto, yo no sabría seleccionar unos pocos: jamón, tomates, setas, queso y un buen vino serían los primeros en mi lista.
Supongo que ya os habéis dado cuenta de que me gusta cocinar, ahora bien, lo que realmente me hace disfrutar es comer.
Cuáles son los tipos de sabores: dulce, salado, amargo, ácido y umami, Bon Viveur
Brócoli con bechamel y queso gratinado
Los ingredientes que vamos a necesitar son:
- 1 kilo de brócoli
- 200 gramos de jamón cocido
- Mantequilla
- Harina
- Leche
- Sal
- Queso rallado
- Pimienta negra en polvo
- Nuez moscada en polvo
Elaboración:
- Cortamos las flores de brócoli y las lavamos.
- En la olla rápida ponemos dos dedos de agua con media cucharada de sal.
- Colocamos encima el cestillo para cocer al vapor.
- Escurrimos el brócoli y lo ponemos en la olla a cocer 5 minutos con el botón arriba a fuego medio.
- Mientras tanto, troceamos el jamón y los ponemos en una sartén junto con 15 gramos de mantequilla a saltear.
- Cuando el brócoli esté cocido, lo sacamos a una fuente de horno.
- Sobre éste, colocamos el jamón salteado.
- Es el momento de hacer una bechamel ligera. En la misma sartén en la que hemos cocinado el jamón, incorporamos 25 gramos de mantequilla con el fuego bajo.
- Cuando esté derretida la mantequilla, agregamos 2 cucharadas de harina y mezclamos muy bien para que no haya grumos, mientras se cocina la harina un par de minutos.
- Encendemos el horno a 180º.
- Añadimos 1/2 litro de leche, sal pimienta y nuez moscada al gusto y cocinamos sin dejar de remover a fuego medio-bajo hasta que empiece a hervir.
- Vertemos la bechamel sobre la verdura.
- Espolvoreamos con queso rallado y llevamos al horno 5 minutos para que la verdura se temple. Pasado este tiempo cambiamos a función grill a máxima potencia hasta que el queso esté dorado a nuestro gusto.
























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